Si yo fuera feminista, hubiera salido como gata rabiosa a protestar delante de la legislatura por el maltrato y la humillación contra una congénere. Sí, eso dije, maltrato y humillación.
Si yo fuera política, hubiera sido vocal y me hubiera despegado rápidamente del bochornoso acto de "interpelación" –entiéndase ajusticiamiento– al que se sometió ayer a la designada secretaria de educación Elba Aponte que recién lleva un mes en sus funciones, tiempo corto para empezar a conocer –ya que no hay clases presenciales y las cibernéticas han probado ser un desastre mayor– la desvencijada, torcida e inoperante estructura de nuestro Departamento de Educación. Sin embargo, a doña Elba no le adjudican como logro el que el 60% de los maestros hayan sido ya vacunados –dándoseles prioridad por encima de otros más necesitados con el fin de que puedan estar inmunizados para comenzar clases el próximo mes– y sí la quieren pasar por la piedra porque apoya el plan del gobierno para retomar de manera escalonada y limitada, el necesario proceso de enseñanza-aprendizaje de nuestros niños que tanto necesitan la figura presencial del maestro, así como el nivel de socialización que sobre todo a tiernas edades, va formando las personalidades y conducta social del individuo. La mayoría de los países del planeta están tratando de enfocar sus esfuerzos en ese sentido. Y la política educativa del gobierno federal –no olvidar que la educación en Puerto Rico es prácticamente una "mantenida" de los contribuyentes de los demás estados– va igualmente dirigida en esa dirección.
Si yo fuera periodista, a lo mejor a esta hora estaría botada como bolsa del medio periodístico que me tuviera contratada porque me las habría ingeniado para que saliera en primera plana un título que dijera: "Sacó 'F' la legislatura de Puerto Rico", y el artículo hubiera estado en consonancia con el título, no tengan dudas de ello.
Si yo fuera maestra del sistema público, hubiera organizado o me hubiera unido a una gran manifestación hoy de educadores y trabajadores de la educación en general, todos frente al Capitolio, protestando por la forma en que ha sido maltratada su Secretaria de Educación.
No soy feminista, ni política, ni periodista, ni maestra.
Soy una simple ciudadana que se indigna profundamente ante el bochorno y la humillación que hicieron sufrir a un ser humano, cualquiera que sea y del sexo biológico o mental que le dé la gana, que merece ante todo respeto por parte de quienes están obligados a dar ese respeto. La firmeza en ejercer una función pública, como es lo que se espera de la legislatura, no significa manejar ese poder para degradar, para violar la dignidad de nadie. Los legisladores son quienes nos representan, y la actitud grosera, falta de respeto e indigna e indignante del presidente de la Cámara de Representantes de Puerto Rico Rafael Hernández ayer, no demuestra ni representa al pueblo puertorriqueño, ni a quienes lo eligieron, o los que no.
La Secretaria de Educación fue citada a presentarse ayer a una vista de interpelación.
Las vistas de interpelación se han dado históricamente sólo cuando ya el funcionario a esos niveles ha tenido una actuación en sus funciones tan y tan deficiente, que hay que aplicarle "la doble llave" para que responda por su falta de capacidad o el descontrol con el que haya manejado su puesto.
Partiendo de ese punto, la vista senatorial era totalmente inapropiada.
El tono agresivo y ofensivo se marcó desde el inicio, comenzando con la pregunta a la Secretaria de cuánto eran 2 + 2 como queriendo poner en entredicho no sólo su capacidad intelectual sino una pobreza extrema de conocimientos básicos. Pero el indignante show llegó al colmo cuando se le preguntó a Elba Aponte si tenía algún dispositivo electrónico con el que le estaban dictando las respuestas, y "la hicieron"–partiendo del punto que ella aceptó hacerlo– quitarse la chaqueta y moverse el pelo, sometiéndola así a un acto de humillación sin límites.
Las feministas no reaccionaron indignadas. Porque el tema del feminismo, al menos aquí en Puerto Rico, se maneja mayormente enfocado sobre líneas ideológicas, y muy lejos realmente de tener en cuenta el factor humano. La lucha de la violencia contra la mujer no es sincera, es ambivalente y depende de quién sea el maltratante. A algunos, como al presidente de la Cámara, Rafael Hernández, se le aplaude por ello.
Los políticos no reaccionaron indignados. Porque para hacerlo, deberíamos tener políticos que tuvieran estatura moral, intelectual, cívica, y compromiso social que los hiciera despojarse de malas mañas –como el maltrato y la falta de respeto– dándonos la seguridad de que fueron bien escogidos para representarnos. Habrá sus honrosas excepciones, pero son mínimas y se pierden en la mayoría –colorida porque es de todos los partidos representados– que sencillamente no sirven, porque no sirven a nuestros mejores y más nobles intereses como pueblo. Y OJO como siempre digo, pueblo de Puerto Rico, esto es una muestra in advance de lo que políticos son capaces, sobre todo los inclinados a las izquierdas radicales: autoritarismo, destrucción moral del "opositor", ejercicio de poder dictatorial, entre otros. Es un aviso. No lo olviden.
Los periodistas no reaccionaron indignados. Porque la prensa en Puerto Rico dejó hace rato de ser el Cuarto Poder para convertirse en el Cuarto Zafacón adonde van a parar los que venden su voz y su pluma, los que malutilizan los medios para incitar a los profesionales del desorden, los que mancillan una profesión que es ante todo ética, decente y justa, independientemente de sus inclinaciones políticas y la línea editorial a la que cada medio tiene derecho.
Los maestros no reaccionaron indignados. Porque se acostumbraron a únicamente sentirse comprometidos y protestar cuando se trata sólo de su propio beneficio personal. Las "luchas" sindicales se los han comido, les han restringido la capacidad de pensar, de actuar con decencia, de unir en un solo paquete moral y cívico sus intereses con los de los niños, que son en esencia, la esperanza de cualquier sociedad. Han llegado al punto de declararse en contra de la apertura de clases, sin querer considerar siquiera el plan sometido, pero sin embargo exigiendo que hay que vacunarlos de manera prioritaria por el simple hecho de ser maestros, aunque se nieguen a cumplir sus funciones de manera presencial.
Lo dije y lo repito. No soy parte de ninguna de esas profesiones. Y me alegro por ello.
Como ciudadana, sí, yo me indigno. Y ojalá muchos otros pudieran acompañarme en esta indignación.
Señores presidentes de Cámara y Senado, ustedes degradan al cuerpo que representan. En buen cervantino, debería darles vergüenza. Y para completarlo en la lengua de Shakespeare, Shame on You!