Ayer, 6 de febrero de 2022, a los 92 años y producto de complicaciones del COVID falleció mi papá, Mario Rivadulla Carcedo.
Muchos hemos perdido nuestros seres más queridos, los que nos dieron vida.
Para cada quien, ese ser es único, irrepetible e insustituible. Y no hay forma de desligarse de las palabras y frases más comunes recibidas de amigos, colegas y conocidos en general, queriendo ofrecer sincero consuelo, tales como: "es ley de vida", "resignación", "te acompaño en tu sentimiento" y otras cuantas que en estos momentos pese a la buena voluntad de quienes las emiten, caen en saco roto porque nada puede quitar este dolor aplastante de la pérdida en los primeros días de producida.
Papi se salió del molde del hombre normal.
Desde muy joven identificó su ruta profesional e hizo del periodismo y la política su diario quehacer, con profundo apego a la ética profesional en lo primero, y sin rehuir lo peligroso de la segunda en una Cuba pujante económicamente, con grandes logros sociales y una constitución de avanzada para su tiempo pero de gobiernos corruptos, a la par que con una sociedad civil organizada, y una juventud comprometida luchando contra los males mencionados.
Dedicó sus dedos a escribir velozmente en maquinilla sus pensamientos, a defender las causas justas y a condenar lo que estaba mal siendo columnista de medios de reconocido prestigio como la Revista Bohemia, el periódico La Calle y el Diario Nacional, entre otros. Además fue comentarista radial y comenzó su propio programa en los incipientes años de la televisión. Fue uno de los líderes juveniles del Partido Ortodoxo, único que destacaba por sus valores y preocupación social, dentro de la viciada política cubana de la época.
Al caer la dictadura de Fulgencio Batista, y casi desde los inicios de implantada la mal llamada "Revolución Cubana", papi entró en conflicto con el régimen de Fidel Castro por entender que se apartaba de los principios de respeto a las libertades que tanto él había defendido a riesgo de su propia vida hasta ese entonces. Por ello y por comenzar a reunirse con grupos de inconformes contra lo que ya se preveía era una dictadura de corte comunista, fue condenado a seis años de prisión política.
A su salida de la cárcel y entendiendo que dentro de Cuba no habría posibilidades de seguir luchando contra el régimen de la forma que él sabía hacerlo, decidió abandonar la querida patria y se radicó en República Dominicana. La prensa dominicana se distingue por su calidad y sobre todo por el respeto a la libertad de expresión, independientemente de la línea editorial que siga cada medio. Allí papi encontró rápidamente cabida en los medios periodísticos, retomando así una carrera a la que añadió más de cuarenta años como locutor, comentarista radial y columnista de diferentes medios de comunicación dominicanos incluidos el Listín Diario, El Nacional de Ahora y El Caribe, así como director de La Voz del Trópico, e igualmente manejador y productor de su propio programa de televisión "Teledebate". Igualmente atendía directamente su compañía de relaciones públicas MDM&Asociados.
Papi fue el periodista maduro, sopesado, capaz de discutir con altura las ideas, siempre respetando al contrario. También fue ese ser humano excepcional que vivía lleno de preocupaciones inacabables por el bienestar de los demás. De su mamá, una gallega recia y noble al mismo tiempo que amorosa y dulce, sacó ese increíble amor a sus semejantes, a todos sin distinción. No he conocido a nadie igual. No creo que en lo que me quede de vida me toque el honor de conocer a otro ser igual de desprendido y ocupándose de todo lo que le correspondía, como su familia, y hasta lo que no le correspondía, como lo era todos los que recabaran su ayuda de una u otra forma, y hasta los que recibieron esas ayudas sin siquiera pedirlas únicamente porque él se enteraba de las necesidades que alguien pudiera tener y de alguna manera, en muchas ocasiones sin que se supiera de dónde provenían, las resolvía.
Papi fue "adelantadito" siempre. Supo sustituir su vieja Underwood de teclas duras por la Olivetti eléctrica, e increíblemente escribía más rápido que la nueva máquina. Supo también cambiarla por la computadora a una edad en la que muchos temen incursionar en esos cambios. Y se adentró en el mundo cibernético fascinado con la lectura de los periódicos del mundo a su alcance con un teclazo.
Me escribía unos emails larguísimos, llenos de consejos sobre como mejorar mis escritos. Me regañaba continuamente por el uso de adjetivos y me decía que un buen periodista dice más sin adjetivar.
Si "exageración" aplicara, pudiera decirse que fue un padre exageradamente excepcional, un esposo del mismo calibre, un hijo amantísimo, un hombre de bien en toda la extensión del concepto.
Con papi reaprendí la historia de Cuba, una vez que pude salir yo también de mi querida patria, y me libré de la monserga falaz, de la información desinformada, de la manipulación política. Nos abrió un mundo de posibilidades a mí, mi ex esposo y mis gemelitos pequeños cuando con mucho sacrificio monetario y emocional pudo sacarnos de la Cuba de Castro.
Papi me enseñó a amar los libros. A los siete años me regaló Los Miserables "para cuando puedas leerlo". Me lo leí porque los niños nunca hacen lo que le dicen sus papás. Obviamente no entendí ni jota por lo que pasaron años antes que volviera a tener ante mis ojos a Víctor Hugo, y pudiera valorar a los clásicos en su justa medida. Entonces me los bebí todos!
Teníamos los mismos gustos en lectura y para que yo no gastara en libros, que aquí en PR son más caros que en RD, compraba montañas de ellos de espionaje, misterio, policíacos, los leía y venía cargado de maletas pesadas, o nos hacía venir de regreso cuando íbamos allá, también llenos de maletas de libros para que yo me los leyera.
Y el cine, ah! ese era nuestra gran pasión después de la lectura.
De
papi aprendí que la mayoría de los clientes se pueden convertir en
amigos si lo intentamos con seriedad, simpatía y con respeto; y si lo
logramos así, ese tipo de relación no sólo solidifica los negocios sino
que nos compromete más aún a dar lo mejor de nosotros a ese cliente, a
ese amigo, en cada proyecto que nos soliciten.
Voy a extrañar sus WhatsApp mañaneros diarios, incluyendo sábados y domingos, que casi siempre empezaban con un Hola hija amadísima... y a continuación unas tandas únicas de intercambio donde nos hablábamos de todo porque compartíamos las mismas inclinaciones políticas, las mismas inquietudes sociales, las mismas preocupaciones familiares, los mismos deseos de un mundo mejor con iguales oportunidades y derechos para todos.
Papi me deja una familia dominicana extensa y amada por él y por mí, con la que me siento estrechamente vinculada.
Me deja los deseos de ser mejor hija, aunque ya no esté, de ser mejor hermana, de ser mejor mamá.
Me deja los cuentos de Alvarez Guedes que me incluía en nuestros encuentros mañaneros, sus regaños, la fortaleza para enfrentar los problemas y la frase con que terminaban los intercambios porque ambos teníamos que trabajar: "Y ahora pasamos a comerciales".
Sé que pasarán muchos días de duelo en los que estaré leyendo su último mensaje con la esperanza de que terminen pronto "los comerciales" y podamos volver a conversar. Siempre tendré mucho que decirle pero sobre todo siempre me quedaré con el afán y la necesidad de leerle.
