A todos los que ahora se están enfrentando de manera masiva en las calles cubanas, gritando Patria y Vida.
A los compatriotas que murieron en el exilio, sin poder ver a Cuba liberada, lejos de sus familias en muchos casos, o habiéndolas perdido.
A todos los que sufrieron cárcel por el simple hecho de disentir, a los que sobrevivieron y a los que murieron por malos tratos, por el resultado de huelgas de hambre, de tristeza y desesperanza.
A los disidentes, esa mitad de generación previa a la mía, que sin nada más que la palabra y la razón, en algún momento de su historia miraron de frente a la dictadura y decidieron desenmascararla. Ellos fueron los que hicieron abrir al mundo los ojos y empezaron un camino que ya no tiene vuelta atrás.
A las Damas de Blanco.
A mi papá, porque por mucho que lo intente jamás podré estar a la altura de su sacrificio personal por la causa de la libertad de nuestra patria.
A los que me preguntan mi opinión sobre lo que está pasando ahora en Cuba y se cuestionan el discurso oficialista de que "el culpable es el bloqueo".
Me crié en la Cuba de Castro.
El experimento personal del Comandante en Jefe que resultó un éxito para él y un completo desastre para Cuba y su pueblo, empezó a los pocos años míos de vida.
No
tengo empacho en decir que desde pequeña fui exitosamente endoctrinada y
como todos los de mi generación, nos creímos que estábamos haciéndolo
bien, por nosotros y por todo el mundo (esa manía cultural que tenemos
los cubanos de exagerarlo todo). Que el mundo estaba enfermo en su
totalidad y que éramos los únicos que queríamos convertirlo en algo
mejor.
Dí
todos los "pasos al frente" que se nos asignaron como generación de
vanguardia, estuve en casi todos los inventos locos del comandante que
fueron descalabrando la economía porque el país en realidad se manejaba
como una finca privada del líder máximo.
Creí en "el Che"
(la cigüeña se equivocó y lo tiró en Argentina, pero parecía más cubano
que otra cosa) y en sus sueños de salvar al mundo y seguir hacia la Luna si no se hubiera muerto antes,
para organizar también focos armados allá arriba en contra de lo que
fuera.
Y
si comento todo esto que cae en el plano personal, es porque son
argumentos que se esgrimen una y otra vez por los defensores
del régimen dictatorial, con el mismo discurso passé
de siempre, sin la menor base o conocimientos reales. Eso fue lo que se instauró en Cuba: una dictadura caudillista que ni siquiera puede ser llamada de izquierda,
derecha o comunista porque Fidel no tenía ideología alguna, más que el
culto y ejercicio del poder absoluto. Y como todo hombre de su egomanía y
estatuta (era grande, sí), se inventó un enemigo.
Como la mayoría de mi generación, ésa, la primera, la que soñó ser
elegida y cantaba con los chicos de "La Nueva Trova", llorando la muerte de Ernesto Guevara, en cierto momento nos
golpeó la realidad de que habían jugado y manipulado nuestros mejores
ideales juveniles, nos habían violado (y las violaciones dejan traumas para siempre), en lo más puro de los jóvenes, sus sueños. Cuando se
acabó la tubería de rublos que nos mantenían envueltos en mentiras, se
acabó la excelencia en la educación, se acabó la excelencia en la
medicina, se acabó la excelencia en el deporte. Y se empezó a entender que ya no habría futuro. Y comenzó la desesperanza.
Así
me convertí en anticastrista convencida, ya fuera de Cuba. En defensora de los derechos humanos -en Cuba
se violan todos, y todos los días-, en humanista, y me prometí a mí
misma entre otras cosas, ser una detractora atípica. Por eso no insulto, no ofendo, sólo
comparto mis experiencias con el nada secreto objetivo de evitar dentro de lo posible que nos caiga
una plaga parecida en Puerto Rico, pedazo de tierra que amo tanto como a mi país de origen.
Por
principios personales estoy en contra de todo tipo de embargo.
Pero la
historia hay que contarla con el mayor apego posible a la verdad, a la
realidad, y no envuelta en efluvios hepáticos u hormonales de cualquiera
de los aparatos reproductivos que muchos toman como caja de resonancia o
bocina para imponerse con gritos o denuestos.
El
embargo (eso de "bloqueo" es un término que se inventaron los fanáticos y se repite hasta la saciedad), se da por parte del
gobierno norteamericano de turno como forma de penalizar al dictador
Fidel Castro -y por ende al país- quien decidió nacionalizar las
propiedades norteamericanas en Cuba SIN LA MENOR INDEMNIZACION. O sea,
dicho en pocas palabras se robaron las propiedades ajenas.
Y
habrá quien diga: ay, si los americanos eran dueños de Cuba y se lo
robaban todo. Y también eso de que Cuba era un burdel dirigido por los americanos.
Buéh!,
sería muy largo rebatir eso ahora en detalle, baste decir que es un
perfecto disparate sin base científica-sociológica-económica. Cuba era
un país autosuficiente, con una economía pujante, una clase media
altamente productiva, su sociedad civil organizada, una constitución de avanzada y con alrededor del 70% de los negocios en manos
multiplurales: cubanas, españolas, árabes, judías, chinas.
Y sí, a poco menos de seis décadas de república había corrupción (mal humano
que tenemos muy cerca), había politiquería (mal humano que tenemos muy
cerca) y había pobreza (mal humano que tenemos muy cerca).
Volviendo al EMBARGO (que no es bloqueo). Y volviendo a repetir que
estoy en contra, en la práctica puedo asegurar que desde el mismo inicio
se empezaron a hacer relaciones comerciales con tantísimos países en el
mundo que no eran el odiado enemigo estadounidense (tal parecería una
contradicción, protestar por el embargo cuando viene de un enemigo). Es similar a ese bien simpático discurso local de querer la
independencia con ciudadanía norteamericana y manteniendo "el mantengo" a un PR convertido en ¿república?
El gobierno cubano no sólo estableció relaciones comerciales con tres cuartas partes de
Europa, con Canadá, con varios países latinoamericanos, sino que también Fidel al
acabarse la chequera de los bienes del pueblo y para poder
mantener sus grandilocuentes ideas, nos convirtió en sátelites caribeños
de la fallecida URSS, quien había copado ya gran parte de la llamada
Europa del Este, y la Antilla Mayor les resultaba un atractivo sitio por su
importancia geopolítica en tiempos de la guerra fría.
En
adición, para los que no lo sepan, el embargo ha sido desde hace muchos
años convertido en un chiclet por el propio congreso norteamericano.
Productores norteamericanos, granjeros norteamericanos y otros
comerciantes norteamericanos han recibido permisos a granel para hacer comercio
con Cuba. El único requisito: ¡COBRAR por lo que vendieran!
Porque hay gobiernos, igual que hay personas, a las que no se les puede
prestar ni un chavo.
Quisiera terminar el tema del embargo (que no es bloqueo) diciendo por
qué estoy en contra del embargo (de ése y de cualquiera). Por ser una medida inhumana (funcione o no). Porque viola dignidades:
personales y colectivas. Y porque en el caso específico del embargo a Cuba, en la práctica resultó una gran falacia y sólo ha
servido para reforzar al régimen enarbolándolo como bandera de lucha, y también a la
oposición exiliada que tan mal ha manejado la crisis política cubana
desde los mismos inicios lo que ha
contribuido a que se viera como un infeliz país
aplastado por el enemigo y los intentos del exilio -loables en su mayoría- se entendieran entonces como una simple peleíta callejera entre dos
bandos.
La maquinaria propagandística de la dictadura
castrista fue efectiva y cautivante. Cayeron en ella los intelectuales y artistas europeos que fueron sus mejores voceros y representantes. La oposición exiliada,
marcada por traumas y odios (justificados sociológicamente pero
totalmente inefectivos en la opinión pública mundial), no supo y no pudo demostrar que lo que estaba pasando era pura y sencillamente un país que había perdido su libertad.
Aplaudo
a mi gente que sesenta y dos años después se rebela contra las
mentiras, la dictadura que aunque muerto el dictador la dejó debidamente
instaurada, la represión, la falta de libertades, las violaciones
crasas a los derechos humanos, la casta que se creó de privilegiados de
La Revolución que vinieron a sustituir a los antiguos ricos (mucho menos
en cantidad y casi inofensivos en comparación).
Agradezco enormemente al licenciado Luis Pabón Roca, de "WKAQ Analiza" por su análisis de
ayer, solidario, honesto a través de su visión, que comparto.
Que
estos sucesos en Cuba muestren a todos los puertorriqueños y a los
latinoamericanos en general, la realidad cubana, LA REALIDAD CUBANA y no las historietas de maravilla que nos cuentan
¡todavía y sin recato alguno ni respeto a la verdad! los defensores de
las dictaduras castrista y chavista-madurista.
La revolución cubana es la antítesis del camino a seguir.
Busquemos
otro para resolver nuestros problemas aquí en la Isla del Encanto, pero busquémoslo seriamente, no
con discursos populistas y sin planes sustentados de cómo hacer
mejor éste, nuestro minimundo.
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